lunes, 27 de junio de 2011

EUROPA VS EEUU : "LA OTAN Y LA NOSTALGIA DEL FUTURO"


Antes de la jubilación suele aparecer un síndrome curioso. Se trata de una especie de nostalgia del futuro. ¿Cómo será el mundo sin nosotros? ¿Cómo se regirá cuando quien esté sentado al volante no haya vivido las circunstancias históricas en las que se crearon los artefactos que ahora habrá que seguir conduciendo? ¿Qué quedará de nuestras ideas?
Helmut Kohl y François Mitterrand expresaron esta nostalgia respecto a la reconciliación franco-alemana, que clausuró un siglo de guerras entre Francia y Alemania y fue clave de la estabilidad y de la paz en Europa desde 1945 y, a la vez, uno de los fundamentos de la exitosa construcción europea. A la vista del estado actual de la Unión Europea, la nostalgia de futuro del presidente francés y del canciller alemán iba más allá de la mera sensación subjetiva sobre la imprescindible presencia de quienes habían sufrido la guerra europea para garantizar la buena marcha de Europa.
Robert Gates, el secretario de Defensa, acaba de ofrecernos otra muestra del mismo síndrome en su discurso de despedida ante el Consejo Atlántico, el pasado 10 de junio en Bruselas. “En realidad, si no se frenan ni se revierten las actuales tendencias en el declive de las capacidades de la defensa europea, los líderes de Estados Unidos del futuro, que no han contado ni individual ni colectivamente con la guerra fría como experiencia formativa, como lo fue para mí, pueden considerar que los retornos de las inversiones estadounidenses en la OTAN no valgan la pena”.
Las palabras de Kohl y Mitterrand tenían algo de advertencia profética, una señal para futuras generaciones que, a la vista está, ha sido poco atendida por sus sucesores. El discurso de Gates añade una admonición más inmediata, que interpela las actitudes y decisiones actuales de los aliados atlánticos de Washington, datos en mano.
Aunque los países miembros tienen dos millones de soldados en uniforme, son enormes sus dificultades para levantar y desplegar una fuerza de combate de entre 25.000 y 40.000 soldados. El gasto europeo en defensa desde el 11-S ha caído en un 15%, mientras Washington lo duplicaba. Durante la guerra fría, EE UU aportaba la mitad del presupuesto de la OTAN, mientras que ahora, con la Alianza incluso ampliada y Francia integrada en la estructura militar, la aportación es del 75%. Solo cinco de los 28 países socios cumplen con el mínimo del 2% del PIB en Defensa acordado en el marco de la OTAN.
Nada ha subrayado de forma más dramática las advertencias de Gates como la guerra inconclusa de Libia, donde la dirección de las operaciones está en manos de la OTAN. Los 28 socios estuvieron obligadamente de acuerdo en la intervención, que de otra manera no hubiera podido hacerse dada la exigencia de unanimidad. Pero menos de la mitad han aportado fuerzas y solo un tercio ha participado en los bombardeos, las únicas acciones directamente bélicas acordadas. Y ahora están todos agotados, sin dinero e incluso sin munición y sin claro horizonte en cuanto a su desenlace.
Las grietas de la OTAN no se deben únicamente a las tensiones que vienen desde Europa. La advertencia de Gates se dirige también a EE UU, donde a la obligada reducción del déficit público, con sus inevitables consecuencias en los presupuestos militares (400.000 millones de dólares hay que ahorrar en los próximos 12 años), se añade ahora una brutal decantación de la opinión pública republicana, con la mayoría de los candidatos a las primarias incluidos, hacia posiciones aislacionistas.
Justo cuando Obama, estimulado por la primavera árabe, se mueve hacia un intervencionismo democrático que para muchos le convierte en un émulo de Bush, los republicanos regresan a la inhibición en los asuntos del mundo y le piden explicaciones por su compromiso en la guerra libia. Ahí están esos futuros líderes que no han vivido la guerra fría temidos por Gates. Si Europa no quiere hacer de gendarme, EE UU se ha cansado de hacer de gendarme y regresa, de momento, a sus cuarteles.
Fácilmente la guerra de Libia puede convertirse en la última jugada con los actuales jugadores e instituciones. Para EE UU era una guerra optativa, aunque para los europeos, al menos algunos, apareciera como de necesidad. A partir de ahora, y con las arcas vacías, desde Washington deberá concentrar todos los esfuerzos en las guerras absolutamente necesarias. No se sabe muy bien qué habrá que hacer desde Europa, donde ninguna guerra se verá como necesaria. Lo fue en su origen la de Afganistán; pero si atendemos al pacto con los talibanes 'buenos' que se prepara, y el repliegue que se anuncia, ha dejado de serlo, aunque el vecino polvorín paquistaní que la retroalimenta siga más activo que nunca.
Gates quiso dejar el pabellón de la OTAN bien alto, incluidos los socios europeos, declarando cumplida y acabada la tarea. Puede ser. La liquidación de Bin Laden es un buen argumento en su ayuda. La pregunta que queda en el alero es si va a quedar algo de la disuasión convencional en caso de que la Alianza siga en esta pendiente. Leon Panetta, el sucesor de Gates formado todavía en la guerra fría, quizás tendrá ideas al respecto.

domingo, 26 de junio de 2011

OCCIDENTE : "LA REINVENCIÓN DE LA POLÍTICA"


Este es el titulo de un libro que lleva ya unas semanas en las librerías y aparentemente nada tiene que ver con las protestas de los indignados, a pesar de que la frase que lo encabeza bien pudiera servir para explicar lo que están intentando los jóvenes españoles desde el 15M. Su autor es un periodista mexicano, joven también, que ha venido observando con toda la atención el uso de las tecnologías de la información y de la comunicación en la política estadounidense, y especialmente en los procesos electorales. Se llama Diego Beas, mantiene abierto un blog sobre política y comunicación y aunque su libro fue escrito antes de que las plazas españolas se llenaran de corros y asambleas lo que nos cuenta sirve bastante para entender lo que está ocurriendo.
La campaña presidencial de 2008 que llevó a Obama a la Casa Blanca fue, según Diego Beas, un parteaguas que significó “el ocaso de la política analógica del siglo XX y el nacimiento de la digital del XXI”. El éxito de Obama no se explica sin “las nuevas formas de comunicar con el electorado, para movilizar, reaccionar, discutir o recaudar fondos” que proporcionan las tecnologías digitales. Las redes sociales permiten una conversación sin intermediarios, sin “la tutela de un medio de comunicación o de un representante político”, un tipo de comunicación “accesible, instantánea y planetaria” y democrática por tanto para todo aquel que esté conectado. Lo único que separa y diferencia dentro de la sociedad es la experiencia de la conexión, de la que se apropian generacionalmente los nativos digitales, o ciudadanos que han sido ya alfabetizados digitalmente en vez de adquirir el conocimiento del instrumento después de su alfabetización analógica.
El fenómeno, es por supuesto, muy anterior a Obama. Recaudación de fondos electorales a través de medios digitales la hubo en 2000. En 2004, el candidato a las primarias demócratas Howard Dean hizo ya un uso muy afinado de los instrumentos digitales, integrándolos en su concepto político y no como meros gadgets tecnológicos. Según Beas, en 2003, año de la guerra de Irak, podemos encontrarnos con que instrumentos de este tipo permiten “manifestaciones masivas en decenas de ciudades de todo el mundo organizadas desde un mismo sitio; respuestas inmediatas, coordinadas y masivas a las acciones de gobierno o gobiernos; escrutinio en tiempo real a miembros del Congreso o líderes electos que directa o indirectamente intervenían en el debate político”.
“Una nueva y potencialmente transformadora forma de organización política estaba emergiendo”, dice. En este nuevo paisaje mediático, los medios tradicionales y especialmente la televisión ya no ocupan el lugar central. Pasamos del modelo televisivo, vertical y centralizado, pesado y caro, al modelo digital, horizontal y difuso, ligero y barato. Con el primero llegábamos a grandes masas con un mensaje uniforme y cortado bajo un patrono general, con el segundo estamos obligados a adaptarnos a las demandas de cada uno de los ciudadanos. Es el mismo esquema de Long Tail que popularizó Chris Anderson.
“La elección de 2004, escribe Beas, marcó el inicio del fin de la era de la televisión como centro del diálogo político y abrió las puertas a un nuevo modelo de participación ciudadana”. El libro recoge una gran frase de Joe Trippi, uno de los gurús de la política tecnológica: “El nuevo formato exige autenticidad, mientras la televisión exige sobre todo falsedad. La autenticidad no es algo que caracteriza a la clase política”. Lo que sucede con los medios también tiene aplicación para los partidos y sindicatos. “Las tecnologías ofrecen la posibilidad de lanzar y organizar movimientos sociales independientes capaces de acumular poder para presionar a los estamentos políticos más altos”, leemos. Si Obama triunfó fue precisamente porque organizó una red de apoyo nueva y paralela a la del partido demócrata, que luego ha mantenido a través de Organizing for América, un movimiento para apoyar sus políticas y sus decisiones, que sin duda jugará de nuevo un papel electoral en la campaña de 2012.
Todo esto dibuja una nueva utopía tecnológica, que golpea como un martillo sobre las ideas convencionales del siglo XX: la de que es posible eliminar o reducir la intermediación en gran cantidad de ámbitos de la vida social y política. En la economía y en las empresas, por supuesto, como ya se ha demostrado. En los medios, corroídos por la fuerza de las redes sociales. También en la política: de ahí la impugnación de la representación, ese “no nos representan” tan lacerante para la democracia parlamentaria. O en el sindicalismo: ahora surge la idea de una huelga general sin sindicatos. Estamos ante la irrupción de un proyecto de conexión directa con los ciudadanos y entre ciudadanos, el P2P (peer to peer) aplicado a todos los ámbitos de la vida social, con la pretensión de prescindir de los representantes, mediadores y filtros de los medios de comunicación tradicionales.
Diego Beas se adentra también en el uso de las tecnologías para gobernar, mejorar la transparencia, la participación del ciudadano y la gobernanza en general. Obama, dice, quiere instalar el gobierno más abierto y transparente de la historia. Pero este es un terreno que requiere todavía mucho análisis y reflexión: Obama es también el presidente que se enfrenta a Wikileaks y mantiene encarcelado al private Manning. Cuando Diego escribió su libro todavía no había explotado Wikileaks, no había empezado la primavera árabe y nada se podía intuir del 15M y de los indignados. Pero en todos estos fenómenos detectamos la misma voluntad de reorganizar y reinventar la sociedad política gracias a unos nuevos instrumentos tecnológicos.
Sabemos y podemos intuir todavía muy poco a dónde llevará todo esto. Estos nuevos medios se han revelado como instrumentos muy buenos para hacer oposición, derrocar gobiernos, e incluso para movilizar y ganar elecciones en los países de democracia asentada, pero no es tan seguro de que luego tengan un uso tan fácil y práctico para organizar, gobernar y administrar. Estamos en el banco de pruebas y el único problema es que las pruebas no se hacen sobre unas cobayas, sino que las cobayas somos nosotros mismos.

viernes, 24 de junio de 2011

EURO CRISIS . "DESMONTANDO EUROPA"


“Si cae el euro, cae Europa”. Son palabras de la canciller alemana, Angela Merkel. Y no de ahora, cuando el quinto tramo de ayudas a Grecia ha quedado en el alero a la espera de que los griegos acepten más reformas, más recortes, más dolor. Lo dijo hace ya algo más de un año después del fin de semana atroz en que estuvimos al borde del abismo, cuando España entregó las llaves de su gobierno al Banco Central Europeo y a la cancillería alemana.
En un año nada ha mejorado, al contrario. Cada vez son más los que dudan del método elegido para salvar las deudas soberanas de los países periféricos y para salir de la crisis. El malestar está ya en la calle, en forma de movilizaciones. Si los europeos se manifiestan contra “el pacto del euro”, es decir, contra los acuerdos para salvar la moneda única, muy fácilmente van a manifestarse pronto contra la moneda única.
La enorme atención con que todos seguimos las peripecias de las deudas periféricas y el creciente malestar social en toda Europa nos hace olvidar a veces que el desmontaje de Europa no es exclusivamente económico y monetario. La pulsión disgregadora alcanza a todos los planos de la actividad europea: a la libre circulación garantizada por el Tratado de Schengen, a la voz única que pretendíamos en los asuntos internacionales o incluso al mercado único que garantizaba la libre circulación de mercancías y servicios.
Cada uno de los problemas que se nos presentan, como es la llegada de inmigrantes norteafricanos, la guerra de Libia o la crisis de la bacteria E-coli sirve para desunir más a Europa y encrespar los ánimos unos países contra los otros. Exactamente lo contrario de lo que sucedía antes, cuando cada dificultad reforzaba a las instituciones europeas y a la voluntad política de los europeos. 
No es una crisis de Europa, es una crisis de los países europeos que afecta muy directamente a los ciudadanos europeos. En el caso de la infección por la bacteria E-coli, con los pepinos españoles como primeros sospechosos, nada funcionó bien en Europa, desde la administración regional, pasando por la nacional, hasta terminar por la europea. Sin mencionar las montañas de reglamentaciones y normas sobre seguridad fitosanitaria, comités alemanes y europeos, sistemas de armonización legal y controles de administraciones y laboratorios expertos que de poco sirvieron.
Ahora con Grecia estamos llegando al cabo de la calle. Tenemos poca Europa y no queremos la poca Europa que tenemos. El europeísmo ya no atrae ni gusta. Nadie se atreve a reivindicar la solidaridad europea, porque apenas se atreve nadie a revindicarla ni siquiera dentro de los países. En casa, todos queremos el mismo gasto social con menos impuestos. Y en Europa, las ventajas de pertenecer a un conjunto mayor que nos apoye en circunstancias difíciles, pero sin poner un céntimo, dejando que pague el vecino. Sobre todo, nada de una unión de transferencias, el gran espantajo de los alemanes.
La crisis del euro se resume en que las opiniones públicas de los países sin crisis (Alemania) se niegan a pagar y las opiniones públicas de los países en crisis (Grecia, España) se niegan a sufrir los recortes. Unos y otros rechazan que sus representantes tomen decisiones que afectan a su bolsillo o a su bienestar sin ser consultados. Ya no es el euro sino la propia democracia la que queda en cuestión. Y lo peor que podría pasar está ya a punto de pasar: por no querer sufrir nadie, todos sufrirán sin que nadie gane nada; lo contrario de lo que sucedía antes, en que todos ganaban porque todos estaban dispuestos a sufrir y sacrificar un poco.
(No se pierdan la historia tal como la cuenta Der Spiegel, el semanario alemán que ya considera al euro como un obstáculo para Europa. Der Spiegel ya ha invertido el orden de la ecuación merkeliana. No es que vaya a caer Europa si cae el euro; es el propio euro el que es un obstáculo en sí mismo para que Europa siga existiendo. Conociendo la influencia del semanario, para echarse a temblar.)

jueves, 23 de junio de 2011

PROTESTAS MUNDIALES: "MOTORES Y FRENOS DEL CAMBIO"


El verano árabe ya está dando sus frutos. Túnez y Egipto se hallan con sus procesos electorales en marcha. En cualquier momento pueden caer los déspotas de Libia y Siria. El dictador yemení es muy difícil que regrese a su país, aunque la transición allí ni siquiera ha apuntado. Pero quien ya se ha movido y de forma ostensible es el rey de Marruecos, Mohamed VI, que va muy por detrás de Túnez y de Egipto pero muy por delante de todos los otros regímenes árabes y, específicamente, de las otras autocracias hereditarias.
El texto constitucional que ha presentado el monarca alauita y que va a someter a consulta el 1 de julio está redactado con la transición española muy presente en la cabeza de quienes le han aconsejado. Hay una voluntad explicitada verbalmente de acercarse a las monarquías constitucionales europeas, en las que el rey reina pero no gobierna. También hay una voluntad de incorporar la diversidad cultural, lingüística e incluso religiosa de este país tan variado que es Marruecos. Hay incluso la búsqueda de un mimetismo respecto al papel del monarca, que aparece en la presentación de esta reforma, en plena efervescencia revolucionaria en todo el mundo árabe, como el motor del cambio, la persona por encima de partidos y tendencias que garantizará de una parte la estabilidad y de otra la efectividad de este cambio que se propone.
La propuesta de Mohamed VI ha sido en principio recibida de forma muy positiva por toda la clase política y por el entorno europeo y occidental en general. Es un alivio que alguien empiece a moverse en la buena dirección, cuando hay tantos autócratas que se mueven en dirección contraria o se hallan sencillamente paralizados por el pavor que les producen las más pequeñas reformas.
Hasta aquí los aspectos positivos. Veamos ahora los límites y las deficiencias de las propuestas de Mohamed VI. En primer lugar en el método, en segundo lugar en su contenido jurídico, y en tercero y último lugar en la realidad práctica del poder.
El método seguido, a cargo de especialistas designados por la corona, es el de una carta otorgada y no de una constitución democrática. No ha habido debate público ni participación de la sociedad marroquí y de sus partidos e instituciones en la elaboración de la propuesta. Todo ha sido fabricado bajo el más estricto control del Majzen.
En segundo lugar, el rey va a ceder numerosos poderes desde su posición de monarca absoluto, pero queda todavía muy lejos de los poderes simbólicos y meramente representativos que corresponde a un monarca constitucional. Hay algunos retoques semánticos interesantes en el tratamiento de la figura del monarca, como es la pérdida de su carácter sagrado o casi divino como Príncipe de los Creyentes, sustituido por la inviolabilidad. Pero mantiene poderes excesivos, en el terreno militar, judicial y religioso y márgenes muy amplios para retener sus actuales funciones ejecutivas efectivas en relación al Gobierno.
Las dos anteriores observaciones tendrían menos importancia si se produjeran en un contexto de voluntad de renuncia del poder económico, social y político que tiene y ejerce el rey en una sociedad de tan escasa tradición democrática como Marruecos. No es el caso: todo lo que hace en la buena dirección es forzado por las circunstancias y con la expectativa de recuperar el terreno perdido en cuanto le sea posible. Aunque la constitución prevé escuetamente que el rey tenga su lista civil, lo que presupone la aprobación parlamentaria del presupuesto para el funcionamiento de su casa, la realidad es que no hay garantía alguna de que desaparezca el poder omnímodo del monarca, que a semejanza de casi todos los otros estados autocráticos árabes, patrimonializa la economía de su país y es de paso obligado para la realización grandes inversiones y negocios.
Juan Carlos I fue calificado durante la transición española como el motor del cambio, debido a que propulsó desde la jefatura del Estado heredada de Franco el advenimiento de un sistema democrático homologable con el entorno europeo, en abierta hostilidad con lo más genuino del sistema político franquista entonces vigente. Si el Rey no hubiera tomado la iniciativa, como hizo al nombrar a Adolfo Suárez como presidente del Gobierno, el proceso se hubiera estancado en manos de personajes como Arias Navarro. 
En el caso marroquí, en mitad de una oleada de cambios revolucionarios, contrasta que el motor del cambio que es el rey actúa de forma distinta, como los motores en los camiones de gran tonelaje en los descensos: es un motor de freno; no cambia sino que impide que el cambio sea completo.

miércoles, 22 de junio de 2011

ESPAÑA NO ES EGIPTO


Gertrud Stein, retratada por Picasso, es la protagonista de la historia aleccionadora. Cuando la millonaria americana afincada en París se interesó por la semejanza entre el rostro pintado y la realidad el pintor le respondió con una frase que ha pasado a la posteridad: “Todos piensan que no se parece en nada al retrato, pero no hay que preocuparse; al final, se parecerá”.
España no es Egipto. Allí sus indignados reclamaban instituciones democráticas y aquí los nuestros quieren que las instituciones democráticas funcionen. Allí les encarcelaban, torturaban y asesinaban, aquí los medios les jalean y la policía puede tratarles incluso con guante de seda. Pero no nos preocupemos por las diferencias. Los artistas de la política, los geniales picassos que nunca faltan, aunque se hallen en trincheras ideológicas distintas, ya conseguirán en su momento que terminen pareciéndose como Gertrud Stein y su retrato.
Una buena fracción de los indignados, no nos engañemos, consideran que apenas hay algunas diferencias de detalle entre los regímenes despóticos del norte de Africa y las democracias europeas. Puede que haya incluso, para que ocultarlo, quienes consideran que Gadafi o El Assad tienen alguna superioridad sobre Sarkozy o Berlusconi. Vistas así las cosas, el movimiento que ha prendido en España y en Grecia, ha soltado chispazos en Francia y cuenta con antecedentes en Portugal y Reino Unido es uno y lo mismo que la primavera árabe que ha derrocado a dos dictadores y conducido hasta el borde del precipicio a otros tres.
Los artistas del otro lado ideológico procuran la misma ecuación que iguale a unos y a otros, a africanos y a europeos, pero por meras razones tácticas, menos peligrosas ideológicamente pero más mezquinas políticamente. Son quienes clamaban por una contundente intervención en la Puerta del Sol en la jornada de reflexión electoral, el 21 de mayo, en aplicación de la decisión de la Junta Electoral central, u ordenaron y aplaudieron la actuación desproporcionada e inútil de los Mossos d’Esquadra en la plaza de Catalunya. Nada más sugerente que unas imágenes violentas como las de la plaza Tahrir para transmitir que también en España hay una revolución que se escapa de las manos y debe conducir a un cambio de gobernantes. Sólo falta apelar al tercermundismo vergonzoso y clamar que de nuevo Africa empieza en los Pirineos para tocar las zonas más sensibles del amor propio europeísta.
La chispa entre los dos polos al fin ha saltado. Quienes quieren destruir al sistema y quienes quieren convertir a los indignados en antisistema, unidos en la misma causa. Con la erupción antidemocrática y totalitaria en Barcelona, en la retorta de estos aprendices de brujo por fin España ya es Egipto. Los artistas de la política pueden estar contentos y los ciudadanos conscientes, más que alarmados.

martes, 21 de junio de 2011

REVOLUCIONES ÁRABES : "EL NEGACIONALISMO"


La revolución contra Ben Ali empezó hace seis meses. El próximo lunes empieza su juicio en Túnez, en el que se le imputan más de 90 delitos, en buena parte propios de un capo mafioso y no del jefe de Estado que fue durante 23 años. Debidamente refugiado y protegido por la monarquía saudí, que ha hecho oídos sordos a las peticiones de extradición, será juzgado en ausencia y sin ninguna voz que salga públicamente en su defensa, ni en Túnez ni en Francia, país este último donde las hubo, abundantes y bien situadas a derecha e izquierda, y contó con explícitos apoyos en las más altas instancias de la República hasta el último momento.
El tiempo transcurrido y el tropel de acontecimientos de este medio año hacen de la revolución tunecina el hito más antiguo de una temporada que está cambiando el viejo orden del mundo árabe. Todavía no se ha alcanzado la democracia y los tunecinos ya hablan de su revolución como si fuera una leyenda o un mito. Parece que ocurrió hace un siglo. No es extraño porque han ocurrido más cosas en estos seis meses que en los últimos seis años.
La caída de Ben Ali, a pesar de la dimensión limitada del país y de su escaso valor geoestratégico, cambió por sí sola el paisaje del mundo árabe. Los dictadores árabes pueden caer: nunca había sucedido antes. Si cae este, pueden caer otros: Mubarak tardó cuatro semanas en confirmarlo. Era solo el comienzo y nada sabemos del final.
No es extraño encontrar ahora a expertos que reclaman su clarividencia ante la oleada revolucionaria que se avecinaba. En realidad, el inicial escepticismo ante una eventual caída de los dictadores no cesó ni siquiera después de la huida de Ben Ali a Riad. "Egipto no es Túnez" fue la frase de moda por unos días, justo los que faltaban para que la plaza Tahrir se convirtiera en el centro del mundo. Luego llegó "Libia no es Egipto". Y más tarde otras variantes: estos regímenes no han cambiado ni van a cambiar; ahí están los militares e incluso elementos del viejo régimen al mando.
La lista de lo sucedido en estos seis meses aclara de qué estamos hablando. Hay dos países, Túnez y Egipto, en transición hacia una democracia parlamentaria. Cuatro más se hallan en distintas fases de una violenta convulsión: en Bahréin todavía arden unas pocas brasas de la protesta sofocada por tropas extranjeras; pero en Yemen, Libia y Siria la suerte está ya echada para los dictadores. Ningún punto de la geografía árabe se ha quedado sin su dosis. Mínimas en Arabia Saudí, a cargo de las mujeres que exigen el derecho a conducir automóviles. En otros casos con suficiente amplitud como para preocupar a los autócratas, como es el caso de Marruecos.
Todos los regímenes han habilitado programas de reformas y ayudas sociales, en algunos casos de auténtico calado. La reforma constitucional que prepara Marruecos pudiera situarle entre los países en transición si el rey renuncia a sus poderes efectivos y a su patrimonialización de la economía. La monarquía saudí, en cambio, se limita a comprar la pasividad de la población con ayudas directas, mientras organiza un émulo del Pacto de Varsovia al que ha invitado a Marruecos y Jordania para garantizar la solidaridad entre autócratas y reprimir nuevos focos.
El balance final exigirá años, quizás decenios. Pero hay cambios ya perceptibles. Estados Unidos y las viejas potencias europeas han dado un volantazo en su política árabe. Más por obligación que por gusto, han pasado de la realpolitik de los últimos 60 años al idealismo que exige un programa de democratización de la región. Todas las cancillerías están revisando sus políticas exteriores, súbitamente enfrentadas a una exigencia de acomodación al nuevo orden. Nadie duda de que la oleada llegará a Israel, que no podrá resistir impávido estos embates.
MAPA DE LAS REVOLUCIONES
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha recuperado la obligación de proteger con motivo de la guerra en Libia, después de los años unilaterales de George Bush. También el Tribunal Penal Internacional, institución central del multilateralismo, ha recibido un chorro de oxígeno con el encargo de procesar a Gadafi. La Unión Europea misma está improvisando una nueva política de vecindad, tras el sonoro fracaso de una Unión para el Mediterráneo que todavía no ha echado a andar.
Las reacciones ante las revoluciones árabes se asemejan a las que suscitaron los primeros síntomas de la crisis económica. Un amplio segmento de la opinión, tan conservador como supersticioso, prefiere buscar atenuantes a la profundidad de la olea
da en vez de aguzar los sentidos para captar toda su dimensión. No es solo un problema de conocimiento, sino ante todo de capacidad de acción, normalmente embotada por el negacionismo y la ceguera. Esta es la otra lección: primero con la crisis, ahora con las revoluciones árabes, dos veces en la misma piedra apenas en cuatro años.

domingo, 19 de junio de 2011

!!! ITALIA TAMBIÉN ESTA DESPIERTA ¡¡¡


Los más desesperados siempre pueden terminar ofreciendo un divino regalo a la esperanza. Si puede suceder en dictadura, con las cárceles llenas, las comisarías convertidas en trituradoras de seres humanos y los cementerios reducidos al único lugar de reposo de los resistentes asesinados, ¿cómo no va a suceder en un país libre, de larga tradición democrática, con instituciones y ciudadanos organizados y dispuestos a defender y ejercer sus derechos? Si en el sur del Mediterráneo caen las dictaduras, nada más lógico que en el norte, en Italia, caiga el estuprador de las libertades, de la democracia y de la decencia política en que se ha querido convertir Berlusconi en sus 17 años de vida política y sus once como presidente del Consejo de Ministros.
Italia está viva. Los italianos pueden levantar la cabeza con orgullo. También ellos han herido de muerte al fatalismo. Una gran nación ha despertado de nuevo y ha propinado dos golpes seguidos y severos, esperemos que definitivos, al secuestrador de su democracia y de sus instituciones. El primer golpe fue con las elecciones municipales, en las que la democracia arrebató a Berlusconi su propia capital natal, Milán. El segundo ha sido este referéndum que incluía cuatro consultas.
El primer plano se lo merece la consulta sobre el escudo judicial que protegía a Berlusconi. Después del rechazo masivo de la Ley del Legítimo Impedimento queda más cerca la eventualidad de la condena y, por qué no, de la cárcel. Pero este es un paso más de un capítulo y de una larga novela que empezó con la carrera política del Cavaliere, cuando se presentó por primera vez a las elecciones: lo hizo para evitar la prisión. Lo sustancial, lo trascendente, lo que dejará marca, es que Italia haya rechazado la energía nuclear, sumándose así a Alemania en la reacción drástica contra el átomo civil después de Fukushima.
Es una curiosa paradoja de la Italia actual que la democracia directa, que tantos disgustos y dificultades puede suscitar como instrumento populista (los minaretes prohibidos en Suiza); o como obstáculo insalvable para la gobernanta (las consultas en California y sus repercusiones en el déficit público) se haya revelado un excelente instrumento para frenar al populismo y mejorar la gobernanza en Italia.
Pero hay una segunda paradoja italiana. La consulta popular, instrumento clásico utilizado por todo tipo de regímenes durante el siglo XX, estaba vinculada a una buena instrumentalización de los medios de comunicación, la televisión sobre todo, y especialmente la pública, única hasta entrada la década de los 80. La figura redentora del presidente, que reclama el apoyo a sus propuestas, era perfecta para este esquema de consenso plebiscitario. Berlusconi tenía sobre el papel ambas cosas, la televisión única y su capacidad para llamar al voto del miedo. Pero nada le ha funcionado: más fuertes que sus teles son ahora las redes sociales y de la autoridad que pudo tener un día no queda nada después de sus públicos desenfrenos de erotómano y proxeneta. Y él lo sabía: de ahí que jugara como única carta una abstención del 50 por ciento que dejara sin validez la consulta.
Sin líderes se ha parado los pies a Berlusconi. En el nuevo mundo sin líderes, cuando aparece uno de la catadura del Cavaliere todo nos conduce a pensar que necesitamos a otro de parecido calibre para retarlo y vencerlo. No lo era Walter Veltroni y por eso se llevó las culpas de la derrota. Pero no era un problema de liderazgos, como acaba de demostrar este referéndum.
Berlusconi será al finalizar su paso por Palazzo Chiggi un mero paréntesis en la historia de Italia. Largo, es verdad. Demasiado largo y demasiado sucio. Pero paréntesis al cabo, sin contribución alguna que merezca el agradecimiento o al menos un recuerdo piadoso. Nadie ha mentido como él. Nadie ha tergiversado y manipulado como él. Nadie se ha mofado de unos y otros como él. Nadie ha faltado al respeto de las instituciones y ha llevado como él la política hasta las alcantarillas más bajas. Nadie ha humillado a las mujeres italianas como este presidente del Consejo fraudulento.
Su balance se resume en una frase: se defendió por todos los medios, legítimos e ilegítimos, para evitar la cárcel y su paso por la política no fue más que un aplazamiento para la acción de la justicia. Veremos si ahora termina como se merece. Sólo cabe reconocerle un mérito, aunque propiamente no sea suyo sino de Italia: la democracia va a sobrevivirle y muy probablemente sabrá regenerarse y vivificarse rápidamente. Italia ah despertado. Viva Italia.

viernes, 17 de junio de 2011

ALEMANIA : " MAS QUE TIERRA DE NAZIS "


Alemania con su filosofía y su música ha iluminado durante siglos a Europa y al Mundo, ¿qué pasó en Alemania?, bien sabes que Alemania tiene su historia y la historia siempre camina por un sendero que desemboca en un lugar determinado.

Alemania está en el corazón de Europa y Europa ha enfrentado durante su historia infinidad de fantasmas a los que ha combatido de una u otra forma, en aquellos años aparecieron totalitarismos de distintos enfoques pero con las mismas formas y he ahí el comunismo y el fascismo, uno para contrarrestar al otro y quizás porque el espíritu humano no estaba preparado para la libertad en Democracia.

Los totalitarismos manejan mejor a las grandes masas, su mensaje es sencillo y facilita el desarrollo de los bajos instintos y así se establecen y sólo la violencia puede desalojarlos de sus castillos.

¡Oh Alemania! Europa se tambaleaba llena de nuevos instintos y en ése buscar y tratar de encontrar jugaste Alemania tu carta y la jugaste con pasión y con odios acumulados.
Tenias un pasado en el que la humillación y una paz injusta como el tratado de Versalles te ataron y dejaron en tu corazón la simiente del odio y del instinto de venganza para la que viviste desde ése momento hasta la siguiente Gran Guerra.
¡Europa Europa!  no te cansas de derramar sangre pero acaso ¿ no eres una simple víctima de tu espíritu inquieto y alma buscadora arrojada en valentía y temeridad?.

Alemania , esa Alemania cargada como una batería , tenia en su alma una cantidad enorme de ideas y  fuerza destructora que millones descargaron dando su voto a un peculiar austriaco llamado Adolf Hitler.

Lo demás ya es conocido, Democracia derrocada y el nazismo se impuso arrastrando también la terrorífica moda del racismo ¿cómo se puede culpar a un pueblo (el judío) de los males del mundo?, pues si, se culpó al pueblo judío y se le exterminó en la página más negra de la Historia de la Humanidad.
Podemos decir sin temor a equivocarnos que la inmensa mayoría de los alemanes desconocía el holocausto, incluso algunos en puestos de responsabilidad lo desconocían.


Se enfrentaron a muerte los dos totalitarismos .el Comunismo y el Nazismo el segundo fue aniquilado y el tiempo se encargó de acabar con el primero y Europa pasó quizás su prueba más dura.
Las Democracias tomaron el control con Alemania convertida en uno de sus pilares y Europa fue despertando de su mal sueño, ahora quiere crear el Gran Estado Europeo en éso está y sin duda lo conseguirá, los ciudadanos miramos y poco a poco conocemos más de nuestra historia y vamos deseando participar en ella, y será necesario porque si no participamos y creamos entre todos algo que merezca la pena, los acontecimientos nos arrastraran y seremos simples víctimas sin voz ni
voto.

miércoles, 15 de junio de 2011

REVOLUCIONES ÁRABES : "LA DEMOCRACIA ES LA SOLUCIÓN"


¿Por qué los egipcios no se rebelan? Así empieza Aala Aswany, dentista cairota y escritor mundialmente conocido por sus novelas El edificio Yacubian y Chicago, el prólogo de su libro de reciente aparición en castellano ‘Egipto: las claves de una revolución inevitable’ (Galaxia Gutemberg). Lleva la fecha de febrero de 2011 y está escrito en los días de la caída de Mubarak, “desde la plaza Tahrir”. Recoge artículos publicados desde 2005 en la prensa egipcia bajo la dictadura de Mubarak, aprovechando los márgenes de libertad que la dictadura no tenía más remedio que tolerar.
Las historias casi siempre dramáticas de Al Aswany van más allá de Egipto y son útiles también para entender la primera de las revoluciones árabes, la que ha terminado con el régimen de Ben Ali en Túnez. Al menos en dos puntos que hay en común entre las dos dictaduras: la dureza inhumana del Estado policial y los esfuerzos de la familia gobernante para perpetuarse en el poder mediante una sucesión monárquica en ambas repúblicas.
A la hora de responder a la pregunta inicial, al libro de Al Aswany le falta una explicación completa sobre las causas de una revolución tan tardía. O al menos hay algo que el escritor cairota no subraya suficientemente: Mubarak aguantó más tiempo de lo previsible gracias al apoyo de Estados Unidos e Israel, al igual que Ben Ali hizo lo propio gracias a similar actitud de Francia. Ambos eran regímenes de una corrupción colosal, que en el caso tunecino encontró la complicidad de la elite política y mediática francesa, a derecha e izquierda, tal como ha contado el periodista francés Nicolas Beau en sus libros escritos a dos manos con otros colegas: con Jean-Pierre Tuquoi, ‘Notre ami Ben Ali’, con Catherine Graciet ‘La régente de Carthage’ y con Arnaud Muller ‘Tunis et Paris. Les liaisos dangereuses’.
La ausencia de esta explicación no es un defecto de Al Aswany, sino una cuestión relacionada con el objetivo que perseguía en sus artículos. El escritor se dirige al público egipcio, hace pedagogía política, ataca al régimen con inteligencia y sutilidad, y para hacer todo esto no tiene necesidad alguna de buscar constantemente explicaciones exteriores. En su minuciosidad y en su astucia para llegar cada vez más lejos en la libre expresión de sus ideas los artículos de Al Aswany recuerdan a otras dictaduras en las que los blindajes del régimen fueron perforados por el esfuerzo de periodistas y escritores.
Ahí aparece una de las diferencias fundamentales entre Egipto y Túnez. Las dos dictaduras parecen gemelas desde lejos, pero son muy distintas desde la cercanía. Quizás por el tamaño del país, la de Ben Ali era mucho más férrea. Nadie podía publicar en Túnez unos artículos tan ardientes contra la dictadura. Nadie podía terminar sus artículos con la letanía magnífica que corona los de Al Aswany: la democracia es la solución.

domingo, 12 de junio de 2011

CUANDO LLEGUE SEPTIEMBRE : ¿PALESTINA LIBRE?


Quedan tres meses para que las dos locomotoras lleguen al punto de colisión. Será en septiembre, después de la Asamblea General de Naciones Unidas, en la que Mahmud Abbas, el presidente de la Autoridad Palestina contará con el reconocimiento de Palestina como un Estado miembro por parte de un centenar largo, quizás entre 130 y 140, de los países socios. Lo único que puede impedirlo es la reanudación de las negociaciones de paz, algo que justo ahora se encuentra en uno de sus momentos más bajos, con las dos partes en radical desacuerdo respecto a las condiciones que exige a la otra para sentarse.
Las dos locomotoras lanzadas son, naturalmente, Benjamín Netanyahu y Mahmud Abbas. El primero exige al presidente palestino que rompa con Hamas, el hermano separado y ahora reconciliado, si quiere negociar la creación del Estado palestino. Tiene razones poderosas: el objetivo de Hamas es la destrucción de Israel y está clasificado por Washington y Bruselas como un grupo terrorista. Exige también que Abbas reconozca el carácter judío de Israel, una forma oblicua de resolver la cuestión de los refugiados palestinos y de marcar como alógenos al millón y medio de árabes israelíes que tienen la ciudadanía reconocida, aunque no es posible hacer abstracción de que buena parte de los miembros de su gobierno ultraderechista estarían encantados si pudieran quitárselos de encima y trabajan para laminar cotidianamente sus derechos.
Netanyahu exige mucho y está dispuesto a dar muy poco. Ha toreado con tanta habilidad como cinismo las dos exigencias que le imponía Obama para negociar: que congelara la construcción en los territorios ocupados y que las conversaciones partieran de las fronteras de 1967. El Estado palestino desmilitarizado que propone contaría con control militar israelí permanente hasta el Jordán y no habría retorno de los refugiados palestinos ni partición de Jerusalén. No es extraño que los palestinos hayan cerrado su oficina de negociación y den por clausurada esta etapa.
Negociar no significa lo mismo para Netanyahu que para Abbas. Para el primero implica sentarse en la mesa y prolongar tanto como sea posible el regateo sin ceder nunca lo que no quiere ceder: los territorios ocupados, la Samaria y la Judea bíblicas sobre las que exhibe unos derechos tan sólidos como los de Serbia sobre Bosnia y Kosovo o Al Qaeda sobre Al Andalus. Para el segundo no tiene sentido negociar si no es para crear el Estado palestino sobre los terrenos ocupados en 1967, tal como recoge un rosario de propuestas y planes: los Parámetros de Clinton, la Hoja de Ruta del Cuarteto (Estados Unidos, UE, Rusia y Naciones Unidas), la Iniciativa Árabe de 2002 (en realidad saudí) o la Conferencia de Annapolis.
Abbas obtendrá la adhesión masiva de los Estados miembros de Naciones Unidas, que aconsejarán su reconocimiento, pero no tendrá efectos jurídicos. Si se llega a votar la recomendación, será un acto, eso sí, de alto contenido simbólico. Para que Palestina se siente y vote con todos los derechos como Estado miembro, su candidatura debe obtener primero la luz verde del Consejo de Seguridad, cosa que exige el voto a favor o al menos la abstención de Estados Unidos, que tiene derecho de veto. Una vez el Consejo de Seguridad da su visto bueno, la Asamblea General puede votar ya la incorporación como socio del organismo multilateral.
Israelíes y palestinos están ahora en plena pelea diplomática para obtener adhesiones de los países más dubitativos, especialmente los europeos. Los socios de la Unión Europea pueden decantar la balanza. Lo harían si tuvieran una política exterior común y votaran unidos. Pero no es así. Y cabe temer, incluso, que en septiembre tengamos una nueva ocasión para demostrar la división europea y el mal estado de las relaciones trasatlánticas. EE UU y la UE pueden salir debilitados y con heridas de la colisión entre las dos locomotoras, cosa que aprovecharán los países con aspiraciones en la zona: Turquía, Arabia Saudí e Irán, sin duda, pero también China o Rusia.
Si nada ocurre por el camino y fracasan iniciativas como la de Francia para celebrar una conferencia urgente este mes de julio, en septiembre la tensión puede desembocar en una nueva intifada. Si la primera, iniciada en 1987, se identifica con las piedras, y la segunda, empezada en 2000, con el terrorismo suicida, esta tercera intifada que se prepara será pacífica, siguiendo el ejemplo de los jóvenes tunecinos y egipcios que se rebelaron contra los dictadores e inspirándose, como los revolucionarios de la plaza Tahrir, en pensadores como el estadounidense Gene Sharp, partidarios de la lucha pacífica no tan solo por cuestiones morales sino sobre todo de eficacia política y de persuasión pública.

sábado, 11 de junio de 2011

REVOLUCIONES ÁRABES/ ¿COMO SE ECHA A UN DICTADOR?

Al primero, por los engaños de su mujer y su familia. El no quería irse. Pero le subieron al avión a rastras. Le amenazaron incluso. Los más piadosos improvisaron en la escalerilla la comparación con De Gaulle, que desapareció de París mientras los jóvenes levantaban las barricadas y se fue a Alemania a ver a su amigo, el general Massu (Túnez).
Al segundo, por los engaños propios de quien se cree invulnerable incluso después de abandonar el poder, que son autoengaños. A quien habla de tú a tú con todos los grandes de este mundo, es el garante de la paz y de la estabilidad en la zona y se considera poseedor de secretos y facturas de todos los que cuentan, se le hace imposible comprender que el palacio de verano donde se retira y jubila se convertirá muy pronto en la cárcel donde le detendrán y en el mejor de los casos le harán cumplir la pena que le impongan los tribunales (Egipto).
Al tercero, por la acción de las instituciones internacionales, que decretan su busca y captura, lanzan a sus aviones a bombardearle para evitar que siga asesinando a sus conciudadanos y terminarán abriendo el paso a la oposición armada que le derrocará. Como es un beduino, acostumbrado a someterse al rigor del desierto y a privarse de cualquier cosa con tal de sobrevivir, no será fácil terminar con él y mucho menos verle encerrado en una celda de Schevenigen, en La Haya (Libia).
Al cuarto, a cañonazos. Sus rivales tribales aprovechan las protestas populares, primero gastan su dinero y su influencia, y cuando no consiguen convencerle de que deje de engañar a unos y a otros firmando acuerdos que nunca cumplirá le pegan un cañonazo que le obliga a curarse en el extranjero. Quien tiene quemaduras del 40 por ciento a una cierta edad cuenta con razones poderosas para firmar finalmente su renuncia (Yemen).
Al quinto, ay, no se sabe muy bien cómo se le desaloja, aunque la fuerza y la prepotencia de su clan permite sospechar que le pueden despachar lo suyos en caso de que no demuestre suficiente dureza con la revuelta que sigue encendida y creciendo dos meses después de empezar. Pero pintan bastos y parece seguro que también caerá (Siria).
Del sexto ya apenas se puede decir nada. A estas alturas de las cuentas debería tocar a alguna monarquía. Y, por el momento, todas parecen bien apalancadas y sin ganas de que vaya con ellos la caza y caída de los sultanes que se ha desencadenado en su entorno geopolítico. Muchas son las que se lo merecen, y la que más la mayor y más poderosa, donde se refugian y exilian los dictadores y desde donde sale la ayuda para que no caigan (Arabia Saudí).
Pocos podían imaginar que la Unión Soviética iba a desaparecer cuando empezaron las huelgas de Solidarnosc en Polonia, en 1980, ni siquiera cuando se cayó el Muro de Berlín en 1989 y se unificó Alemania. De pronto, la historia se aceleró entonces y lo impensable se convirtió en posible. Exactamente como está sucediendo ahora. Por eso quienes observan con mayor inquietud y atención todo lo que está ocurriendo, al igual que hicieron en 1989, son los inquilinos de Zhong Nanhai, el complejo residencial de Pekín donde vive la nomenclatura gobernante en China.

lunes, 6 de junio de 2011

UN SOLO MUNDO Y MUCHOS CAMBIOS


El mundo, nuestro planeta tierra, siempre imprevisible pero normalmente habituado a su mediocre trantrán, se ha visto sometido a una brusca aceleración, en los últimos seis meses al menos, como no se había visto en años o quizás en décadas. Una larga lista de acontecimientos propicios a inscribirse en la historia lo corroboran: las revoluciones árabes, ante todo; la acción de los Navy Seals que terminó con la vida de Bin Laden; el terremoto de Japón y la consiguiente catástrofe nuclear de Fukushima; no nos olvidemos de Wikileaks, la mayor filtración de datos secretos de la historia; tampoco de los indignados, acampando en las plazas y tentando las ansias miméticas de todo el mundo; y la guinda, la súbita detención del director gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn, en plena crisis de las deudas soberanas europeas, acusado de siete delitos de violencia sexual.

Si parece poco discutible que en los últimos seis meses se han acumulado más acontecimientos notables que en los últimos seis años, más discutible pero no menos interesante es la segunda conjetura que quisiera vincular a la primera: esta aceleración tiene alguna relación con la tecnología de la comunicación y más en concreto con Twitter. No digo que sea de causa a efecto: no lo es, sin duda, en el caso de Fukushima. Puede que sí lo sea, al menos parcialmente, en las revueltas árabes y en las acampadas: sin los móviles todo hubiera sido más lento y más difícil. Y en todo caso es seguro lo contrario, que el uso de los móviles y de las redes sociales sí ha sido propiciado, y hasta una escala espectacular, por la brusca intensificación de la historia.
Vamos a los datos. Nos los proporciona el Pew Research Center y los publica parcialmente el Financial Times. “Twitter ha experimentado un brusco acelerón en su crecimiento en los últimos seis meses a pesar de que la compañía está bregando por encontrar el sistema para hacer dinero a partir del renovado impulso de sus usuarios”, empieza diciendo el periodista Tim Bradshaw desde Londres. La información lleva un título llamativo: “El uso de Twitter se incrementa a partir del fútbol y de Bin laden”. En la foto que ilustra la información se ve nada menos que a David Villa, arrodillado sobre el césped, junto a Xavi y a Dani Alves, en el momento en que celebran el tercer gol del Barça al Manchester durante la final de la Champions.
El número de los usuarios de Twitter, según datos del Pew Research Center sobre el público estadounidense, casi se ha duplicado en este medio año. Comscore, otra agencia de investigación de medios, acredita un incremento del 47 por ciento de usuarios únicos de Twitter de enero a abril. El grupo de edad donde el incremento ha sido más notable es el que está comprendido en la horquilla entre 25 y 44 años, que este sí ha duplicado el número de usuarios. Por grupos de identificación étnica, destacan los afroamericanos como quienes han incrementado en mayores porcentajes el uso de esta red social, con los hispanos a continuación y los blancos en cola; datos todos ellos que nos hacen intuir la existencia de una población emergente dentro incluso de los países que ya no son emergentes.
Hemos utilizado palabras solemnes acerca del planeta, la historia y su aceleración, pero el FT, siempre muy práctico, también nos acerca a otras explicaciones que complican la explicación de nuestras conjeturas. Los tres puntos de aceleración más altos en Twitter en el último año no se han producido por ninguno de los acontecimientos antes mencionados, sino alrededor de hechos algo más triviales. El mayor número de tweets por segundo jamás registrado, más de 7000, se produjo con el año nuevo en Japón. El segundo lugar, con más de 6.300 por segundo, fue para la final de la Champions. Y el tercero, con apenas algo más de 3000, hace más tiempo, el verano pasado, con la Copa del Mundo de Fútbol.
Esto no sé si nos lleva a confirmar el acelerón de la historia vinculado al uso de las redes sociales, pero justifica plenamente que en la foto sobre estas noticias estén Xavi y Villa, que han protagonizado el segundo y el tercer acontecimiento con más tweets por segundo de la historia. Estos futbolistas forman también parte de este mundo global emergente que acaba de dar un apretón insólito al acelerador de la historia.

sábado, 4 de junio de 2011

LA OTAN : PROTECTORES O DESTRUCTORES ? "INFORME YUGOSLAVIA "


el 24 de marzo de 1999 las fuerzas "aliadas" bajo el nombre de la OTAN entran en el territorio de la difunta Yugoslavia bajo la excusa de un genocidio de 150.000 civiles kosovares . Al finalizar la guerra , la organización  independiente amnistía internacional (A.I) anuncia que el supuesto genocidio no habia sido de las dimensiones argumentadas por la OTAN sino que se trataba de 1.500 muertes muchas de las cuales fueron causa de juicios a terroristas separatistas similares a los que se celebran en los EE.UU.

con mas de 15.000 ataques ,la OTAN bombardeo escuelas, hospitales,puentes,estaciones de abastecimiento de combustible  ,infraestructura gubernamental ,etc.
Miles murieron y fueron heridos, inclusive pasajeros viajando en trenes y autobuses de transporte público y trabajadores en estaciones de televisión y de tele transmisión. También fueron bombardeados vecindarios civiles, más en Serbia que en Kosovo.
Gran parte de la infraestructura social e industrial que se estableciera luego de la Segunda Guerra Mundial está en ruinas. El río Danubio, vital línea de vida para una gran región de la Europa Central, está intransitable. En Serbia, los más básicos requisitos de toda civilización moderna—electricidad, agua, salubridad—fueron totalmente bombardeados.



A manera de justificación, la OTAN y los medios de prensa argumentaban que la agresión contra Yugoslavia era un esfuerzo humanitario para frenar la represión de los albaneses en Kosovo. El carácter imperioso y cínico de la campaña propagandista que acompañó al bombardeo refleja, a su propia manera, las contradicciones transparentes de los argumentos de la OTAN. La burda comparación entre el presidente yugoslavo Milosevic y el demonio, los informes contradictorios sobre las masacres llevadas a cabo por los serbios y sobre el número de kosovares muertos, las incesantes alegaciones de genocidio y la ametralla de imágenes de televisión de refugiados sufridos tienen un propósito: cansar, acostumbrar e intimidar al público, no convencer por medio del razonamiento lógico. Los políticos y comentaristas del status quo declaran: “¡El que se oponga a la OTAN apoya el destierro forzado y el genocidio de los albaneses !”

la comparación con el olocausto nazi es engañadora e históricamente falsa. El holocausto consistió en la detención de millones de judíos a través de toda la Europa bajo el control nazi. Estos fueron transportados a campos de concentración, verdaderas fábricas de genocidio.
Los nazis asesinaron a seis millones de judíos indefensos. Esto ofrece un contraste a las 1.500 que fueron muertas en Kosovo.

Tenemos que hacerle hincapié a otro punto acerca del contexto de la violencia en Kosovo. Comenzó ésta en 1998 con el estallido de la guerra civil entre el Ejército de Liberación de Kosovo (UCK)—movimiento nacionalista y separatista albanés—por una parte y el gobierno yugoslavo, que buscaba mantener control de la provincia, por la otra.
El Comité Internacional de la Cuarta Internacional se opone a todo chauvinismo nacionalista. No tenemos la menor simpatía por el nacionalismo reaccionario del régimen en Belgrado. Pero es una falsificación grosera de la realidad política alegar que el año de violencia sectaria que precedió a la ofensiva de OTAN fue obra exclusiva de los serbios.

La hipocresía que la OTAN ha mostrado al pintarse de defensora de la minoría étnica albanokosovar contra la represión Serbia no tiene nombre. Tomemos en cuenta a los países miembros de la OTAN que han respaldado y puesto en práctica campañas de “limpieza étnica” mucho más extensas.
Al analizar las acusaciones de “limpieza étnica”, hay que recordar que los grandes poderes del mundo, durante más de una ocasión, se han referido a los conflictos étnicos como pretexto de intervención imperialista, creando situaciones desastrosas. Uno de los episodios más horripilantes del Siglo XX ocurrió en 1947 cuando Gran Bretaña, refiriéndose a los conflictos entre hindúes y musulmanes en la India, estableció el estado separatista de Pakistán. La violencia que siguió dicha partición resultó en un millón de muertos y creó 12 millones de refugiados.

viernes, 3 de junio de 2011

LLEGA EL VERANO ÁRABE

Con el verano a la vista, época de grandes calores en África y Oriente Próximo, la primavera árabe no está terminando, sino que entra en una nueva fase. Hay dos transiciones en marcha, en Túnez y en Egipto, con horizonte electoral próximo. Tres países se hallan abiertos en canal en distintos grados: guerra civil en Libia con intervención de la OTAN; deriva guerracivilista en Yemen fomentada por el dictador a punto de ser desalojado; y martirio de la población en Siria, donde persiste la protesta a pesar de la durísima represión de Bachar el Assad. En el pequeño Bahréin de mayoría chiita la revuelta ha quedado ahogada por la invasión saudí en el mejor estilo soviético, y en el resto del mundo árabe han saltado las chispas de las movilizaciones, pero no ha prendido todavía la llama.
En esta fase ya se atisba la entrada en la fase resolutiva en alguno de los tres países ahora en primera línea. Es fácil prever que caiga pronto la tercera pieza y regrese la atmósfera de un cambio de época como hemos visto pocos. Hay que entender que va para largo y llegará muy hondo: desde Pekín y desde las capitales africanas se observa todo esto con enorme inquietud.
También se atisban algunos rasgos del nuevo mapa geopolítico. El papel del islamismo político será muy destacado en las nuevas democracias en construcción. Habrá que ver cómo lo encajamos desde Europa. Los Hermanos Musulmanes y sus filiales quieren ser el equivalente a la democracia cristiana en Europa y llevan buen camino para conseguirlo. El modelo de partido y de filosofía política viene de Turquía. También, aunque no solo, influencia y financiación. La medida de todos los progresos la darán las libertades individuales, sobre todo la religiosa y de conciencia. El voto y el pluralismo políticos no bastan.
Hay otro polo que se está reforzando, alrededor de Arabia Saudí y de las monarquías del golfo Pérsico, una Santa Alianza islámica para preservar los regímenes hereditarios y los patrimonios de las amplias familias en el poder. Jordania y Marruecos han sido invitados a participar en este frente contrarrevolucionario. Su programa es lampedusiano: cambiarlo todo para que nada cambie. Irán acecha al otro lado del Golfo, con su proyecto nuclear y sus tentáculos en Gaza, Líbano, Irak y Siria. La crisis de este último país es también determinante para la guerra fría entre los saudíes y los ayatolás.

Israel, en cambio, está encapsulada en su búnker, sin más oferta que resistirse al cambio. Todo lo que ha hecho Netanyahu ha sido reforzar el blindaje, buscando apoyos exteriores a su inmovilismo y cultivando en el interior la imagen idílica de un país irreal. Su capacidad de diálogo y de transacción en la zona es exactamente cero. Todo funcionaba mejor bajo el cerco de las dictaduras. El estío es tiempo de cosecha y fruta madura, que cae por su propio peso.